Historia del Balneario

Sin duda alguna la Historia Contemporánea de Marmolejo está ligada indisolublemente a la de su Balneario. Con su construcción comienza la época más brillante de la Historia de nuestra Villa, la de su mayor esplendor y popularidad.

Balneario de Marmolejo

En la España rural de finales del Siglo XIX, un pequeño pueblo, de apenas 4.000 habitantes, se va a convertir en el destino predilecto de la burguesía y aristocracia española: diputados, ministros, intelectuales, condes, marqueses, embajadores… junto a cientos de ciudadanos de toda condición, vienen a Marmolejo atraídos por la fama que numerosos doctores y tratados médicos otorgan a las Aguas de Marmolejo en el tratamiento de enfermedades del estomago, el hígado y los riñones.

Balneario de Marmolejo - Fuente Agria

Junto a ellos recalarán en Marmolejo numerosos forasteros dispuestos a aprovechar la oportunidad de negocio que les ofrece tal afluencia de visitantes, le correspondería a un francés, Pablo Rostaing, la construcción en 1875 del primer establecimiento hotelero, Los Leones, aún hoy, 130 años después, transformado en una Residencia de Ancianos, los dos pequeños leones de bronce que daban nombre al hotel continúan en su fachada, testigos mudos de la vida de los marmolejeños.

Botella de Agua de MarmolejoDe esta forma, aquel pequeño pueblo campesino de la provincia de Jaén va a vivir al ritmo de una gran ciudad. Marmolejo llegó a contar en la época de esplendor del Balneario con más de 30 tabernas, 7 hoteles, 4 casinos, 3 cines, un teatro, 4 joyerías y multitud de tiendas más, todo como hemos dicho en un pueblo de apenas 4.000 habitantes, es fácil imaginar la riqueza y el trabajo que toda esta actividad generaba, los Marmolejeños, fieles a su sentir agrícola, llamaron siempre a la temporada de aguas del Balneario la tercera cosecha.

Por todo ello Marmolejo iba tener el privilegio de conocer los grandes avances del siglo XX a la par que las grandes capitales españolas: asfaltado de calles (llegó a ser el único pueblo de la provincia con todas sus calles asfaltadas), servicio de taxis, iluminación eléctrica en las calles, estación telegráfica y de teléfono… y lo que más orgullo despierta todavía hoy entre los Marmolejeños, la construcción en 1916 de nuestro tranvía.

Si hay un protagonista en toda la Historia del Balneario este es sin duda  Eduardo León y Llerena, diputado en cortes y consejero de estado, adquiere el Balneario de Marmolejo en subasta pública y a él debemos, en gran medida, la proyección internacional que llevó a Marmolejo a estar presente en las Exposiciones Universales de Londres, París o Chicago y el hecho de que visitasen Marmolejo personajes como Ramón y Cajal, los hermanos Alvarez Quintero, Ortega y Gasset, Torcuato Luca de Tena, Rodolfo Valentino o el mismísimo Charles Chaplin.

Marmolejo - Imagen del centro con el tranvía

Por todo ello, esta es la sección del sitio web de mayor extensión y de mayores contenidos. Se presenta en un orden cronológico de acontecimientos y aunque queramos ceñirnos a la Historia del Balneario, en ocasiones será inevitable cruzar fechas, mezclando, si es que acaso se pueden separar, los hechos que atañen a Marmolejo y los de su Balneario:

-> 1701 – 1870

-> 1875 – 1889

-> 1890 – 1921

-> 1923 – 1936

-> 1944 – 1984

-> 1984 – 2000

-> 2001 – 2010

-> 2010 – Hoy

Un pensamiento sobre “Historia del Balneario”

  1. Amigos:
    os envío un poemita de humor, inédito, que escribió hacia los años setenta del siglo XIX el poeta almeriense Antonio Ledesma Hernández (1856-1937). espero que os haga gracia.

    EN MARMOLEJO

    Son las tres de la tarde
    y en Marmolejo
    el suelo está que arde,
    duerme el vencejo,
    el río, perezoso,
    lame la orilla,
    todo yace en reposo:
    el sol que brilla,
    la cigarra que calla
    y el soto umbrío
    y el ave, que no ensaya
    su alegre pío.

    Hemos llegado ha poco
    siete personas:
    vamos a hacer el coco
    como las monas.
    El parque está durmiente;
    calor de fragua
    va dejando la fuente
    sin gota de agua;
    bebemos en un vaso
    como jilgueros;
    vamos paso entre paso
    por los senderos
    y tan sólo se mece
    la débil hojas
    cuando el guarda aparece
    o habla La Coja.

    Al hotel regresamos
    luego, mohínos,
    y el polvo masticamos
    de los caminos.
    Solitos a la mesa
    mudos comemos;
    no hay cestillas de fresa,
    sólo tenemos
    tasajos de cordero
    que a su rebaño
    quiere volver ligero
    saltando huraño.
    Caza de todas castas
    y a todas horas
    y unas fósiles pastas
    muy seductoras.

    La visita del médico
    rompe el hastío,
    un hombre enciclopédico
    canoso y frío.
    A todos les penetra
    su mal oculto;
    a mí, letra por letra,
    fijo en el bulto
    que mi estómago hacía
    por ir muy flojo,
    me dijo que tenía
    la muerte al ojo.

    -”Padece usted un catarro
    del intestino;
    tome quina en un jarro,
    que es mal dañino;
    no beba el agua cruda,
    bébala hervida,
    porque en ello sin duda
    le va la vida.

    “Yo, le dije, “no siento
    nada en mi abdomen,
    digiero en un momento,
    (…)
    el agua bebo a pasto,
    porque es muy rica,
    diagnóstico nefasto,
    ¿cómo se aplica?”

    Y él respondió: “Usted sueña,
    muy mal se quiere,
    usted, aunque se empeña,
    bien no digiere”.
    Y yo salí diciendo
    con faz mohína:
    “¿Tendré ese mal horrendo?
    ¡que me den quina!”.

    Pero al llegar a casa
    tras de ese paso,
    de agua cruda y no hervida
    me bebí un vaso,
    porque estoy convencido
    que en este fuego
    me muero derretido
    si no me riego
    y que el doctor entiende
    de medicina
    lo que el tío que vende
    fruta en la esquina.

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